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miércoles, 22 de marzo de 2017

¡Comienzo del Otoño! Los cuentos de Chaucer




Llegó el Otoño a la Argentina, y las Búhos vuelan felices por todo el blog. Por eso les traemos una pequeña entrada acompañadas de una taza de café y tejiendo bufandas.
La naturaleza se toma un respiro de los sofocones del verano, y empiezan las lecturas durante la siesta arrebujadas en la cama, las bebidas calientes que acompañan cualquier buena charla y las comidas ricas que trae el frío.
Organizando en la Biblioteca el sector infantil nos encontramos con una sorpresa en un anaquel.
Un pequeño librito de 1914, impreso en Barcelona, que nos cuenta las Historias de Chaucer, más conocidas como Los cuentos de Canterbury.
¿Qué secretos tendrá entre sus páginas? ¿Cómo llegó hasta acá? Nos gusta jugar con la imaginación, cada libro tiene su historia.



"Hace muchísimo tiempo, cuando los niños iban por los bosques procurando no hacer ruido, con el fin de sorprender a las hadas, y los mayores eran tan aficionados a las historias maravillosas como ahora lo son los pequeños, unos peregrinos se dirigían a caballo a Canterbury.
El camino era largo, y, para hacerlo más distraído, convinieron en contar cada uno de ellos la mejor historia que conociera. Con ellos viajaba un hombre de mucho talento llamado Godofredo Chaucer, el cual escribió en buena lengua inglesa las historias que oyera. Como que ni en el original ni tal y como las escribió es probable que las comprendierais aún cuando pasaras un día entero tratando de descifrarlo, aquí hallareis cuatro de las más bonitas historias que relataron los peregrinos, las que, según Chaucer nos dice, gustaban mucho a los mayores cuando Chaucer era joven.
J.H.K "


El libro alberga cuatro de las historias: Dorigen, Emelia, Griselda y Constancia. Todas independientes una de otras relatadas a los niños por Janet Harvey Kelman y acompañadas por dos hermosas láminas a color cada cuento,ilustradas por W.Heath Robinson.

Éstos cuentos medievales estaban cargados de magia, y de bastantes valores religiosos, que nos envuelven en la época en que fueron escritos y que es tan ajena a nosotros.




En el comienzo del libro nos presentan a la Colección Araluce, con un bonito mensaje: "ésta colección se compone de las obras más famosas del mundo, y cumple a maravilla el precepto de INSTRUIR DELEITANDO, contribuyendo además a formar el buen gusto de los jóvenes lectores" Toda una delicia.


La Portada del Libro tiene su imagen muy deteriorada, pero en el interior encontramos la misma ilustración acompañando al cuento de Griselda

Un dato curioso, y es que los libros siempre llaman a su lector, es que tiene escrito a tinta la fecha de donación o compra (todo lo suplimos con la imaginación) como 2/1/52. Tal fecha (dos de enero) es el cumpleaños de Sabri, varios años antes de nazca cualquiera de éstas dos buhas, ¿Un lindo detalle de viajeros en el tiempo?
Los dejamos imaginando más sobre su historia, si alguno sabe más de la colección, en especial nuestros lectores españoles, somos todas oídos.







¡Gracias por Leer!

No se olviden visitar nuestro Blog Amigo, que nos trae un hermoso tutorial 
http://ilustradorabuho.blogspot.com.ar/

viernes, 17 de marzo de 2017

Reseña: Jack el destripador de Monica Laura Arra



Antes que nada, agradecemos al escritor Gabriel Pombo, autor de El Animal más Peligroso, por darnos a conocer a la autora de éste libro, quien gentilmente nos envió el ejemplar que hoy reseñamos.



Esta es la historia renovada de un viejo enigma que nos sigue acompañando a través de los trabajos de aquellos que no se conforman con la supuesta solución planteada a fines del siglo XIX, siendo tan conocida por todos esta sucesión de asesinatos que llevarían el nombre propio de su supuesto ejecutor «Jack el destripador». Son ellos quienes, con nuevos enfoques o propuestas más o menos renovadas, reconsideran el caso policial más macabro y espeluznante de las primeras décadas de la era post industrial de Inglaterra, donde a pesar de que había un país dolorido y castigado por el desempleo, la miseria, la inmigración descontrolada y el conjunto de males o consecuencias que en estas circunstancias se manifestaban como ser la prostitución, los robos y por lógica los asesinatos, había también una suerte de clase alta donde la masonería jugaba un papel preponderante, un punto muy bien desarrollado en este trabajo. Es en este contexto que surge la investigación de un sonado caso que conmovió a toda Inglaterra en uno de los sitios de la ciudad de Londres, la más castigada por la pobreza, que fue el suburbio de Whitechapel. 





En sí es un estudio grafológico (es decir que analiza la escritura de determinada persona para saber cosas sobre ella) y psicológico que intenta demostrar la identidad de Jack el Destripador como el Inspector Abberline.

El libro toca temas muy variados en el camino a descifrar la identidad del asesino, tanto con una reseña histórica de la masonería del siglo XIX, un estudio que contextualiza a Scotland Yard en esa época, desprestigiada y mal vista, y un vistazo social y político a Inglaterra por ese entonces.

Para los que nos cautiva saber más sobre Jack, y ajeno a lo que uno pueda considerar influyente para la investigación o no, descubrimos muchos datos del detective Abberline, como que tenía varicocele y era aficionado a la jardinería, y que no se posee fotografía alguna a pesar de su renombre.
A partir de éstos datos hay muchas deducciones de la autora, que va conformando la sospecha de que Jack era quien menos esperamos: el hombre encargado de atraparlo.




A nosotros nos gusta considerar al libro en dos partes importantes: una con las deducciones y psicología que tiene mucha historia y conspiración en cuanto a los personajes, y que es de fácil entendimiento para cualquier lector; y la otra parte es todo un interesante estudio grafológico que delinea la personalidad de Abberline y justifica la hipótesis de ser él el Destripador, más dirigida a estudiosos y conocedores del caso. Nos costó leer esta parte debido a los tecnicismos que si bien son curiosos y acompañados de fotos e imágenes de las cartas del propio inspector, hay que estar muy atentos al hilo del ensayo. 


Hay dos ediciones del libro, hechas por dos editoriales distintas y que varían su título. La primera edición es del 2010 y se llama "Jack, en Scotland Yard", y la segunda edición del 2012 se llama "Jack el Destripador: reseña histórica, estudio grafológico de Frederick George Abberline. Les recomendamos a los interesados que consigan la segunda, ya que es una versión corregida y aumentada, que es más rica en detalles y a color. Posee ilustraciones de Lisandro Pejkovich e Hilda Neva Daniele.




Como conclusión final, el libro nos aleja de un Jack casi sobrenatural y el típico caso del gato y el ratón, para verlo desde otra perspectiva.









Antes de despedirnos les queríamos compartir el nuevo Facebook de Sabri, que está más dirigido a escritos y dibujos, es muy reciente y aún no tiene mucho material, pero está a disposición para todo el que quiera agregarla para estar más en contacto.

¡Gracias por Leer!

miércoles, 15 de marzo de 2017

Reseña: El descenso


¿Que desea alguien que no asesina por venganza o remordimiento?







Thriller psicológico basado en los siete pecados capitales e inspirado en la obra predilecta de Dante Alighieri, Inferno. Un agente del FBI se ve asediado por la aparición de cuerpos de forma serial en una localidad de Montana, Estados Unidos. Pasajes escritos de forma siniestra lo llevarán al borde de la locura y a cuestionar sus propios pecados.












Nos encontramos con Kyle Harrigan, un hombre de 38 años que, sumido en la tragedia de una pérdida, busca olvidar su vida anterior, en especial su trabajo con los federales resolviendo casos de asesinos seriales. Pero nuevos crímenes acontecen y solo él puede ayudarlos.
Su regreso al cuerpo lo hará un blanco interesante para el asesino, que buscará burlarse de su investigación y lo tomará como algo más personal.

"Los malos hábitos siempre vuelven,como una sombra del pasado que aguarda a nuestras espaldas en silencio,esperando el momento para azotarnos"




Es una novela relativamente corta y muy ágil,con una narración exquisita que atrapa al lector y lo envuelve en unas ambientaciones descriptivas que nos hace sentir a flor de piel. Me gustó mucho cuando conocíamos el punto de vista del asesino, su móvil y sus significados para cada situación, era poseedor de extremada paciencia y premeditación.

Es muy interesante cómo vamos relacionando los asesinatos con la obra de Dante 'El infierno', y cada pista y suceso nos lleva a cuestionarnos la sociedad actual y la ética y crisis sociales en las que estamos sumergidos.
El eje de los pecados capitales nos recuerda mucho a la película Pecados Capitales, con Bratt Pitt y Morgan Freeman.


Es ideal para los amantes del thriller , El descenso es la primer novela de Jonathan Vazques, y su excelente narrativa y las descripciones que abundan nos dan una gran carta de presentación para el autor, del que esperamos conocer más.






"Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de los mundos"



 Los dejamos con el link de amazon para quien quiera adquirirlo Aquí y su página de FB Acá para quienes deseen saber más de él.

Nos despedimos con un estremecedor fragmento y ¡Muchas gracias por leer!

"El sonido crujiente de los pinos desentonaba en aquel páramo, al mismo tiempo que la pervertida oscuridad se movía como si tuviera vida propia, conformada por miradas inquietantes"


viernes, 3 de marzo de 2017

Cuento: El Mundo bajo el Ocaso, por Cecilia Jiménez

Hola Amigos de la Morada. 
Hoy les traemos un cuento realizado por alguien que es muy muy especial para nosotros. 
Surgió por sorpresa durante la charla mientras la visitábamos en su casa de Ituzaingó, BsAs. Nos dió una serie de cuentos y relatos que ella misma había escrito para que Sabri los leyera, corrigiera y le diera su opinión.
Nos gustaría compartir con ustedes el primero de estos cuentos cortos, un viaje onirico por la vida de una niña de 9 años con ansias de aprender.







El Mundo bajo el Ocaso
por
Cecilia Jiménez



Cuentan que nací a mediodía, preludio de una tarde calurosa…

Tengo nueve años nuevecitos, nuevecitos, que felicitó la Señora del almacén y alguna que otra vecina.

Felicitación, felicidad… qué Extraña palabra…
¿Se la podrá envolver en papel para regalo? 

En muchos envoltorios se puede esconder, pero yo solo la conozco al desnudo cuando otros la pronuncian.
Como los pájaros o las mariposas, que al solo intento de verlos un poco más de cerca huyen despavoridos.
Como los espejos de agua que dejó la última lluvia  y el verdor de la vida en su reflejo.
El Sol, que se mantiene como un colibrí danzando en mi piel, es uno de mis compañeros.
Estoy ora sentada, ora recostada sobre la tierra, que se me antoja de caramelo, y hundo mis manos en la arena de una montañita cercana, que me permite acariciar su frescura, todavía húmeda.
Podría creer que  esa felicidad que me desearon aún flota a mi alrededor. Quisiera atraparla en mi ensueño, entre la arena, o quizá cuando danza sobre mis espejos de agua.

Aquí estoy ahora, mientras el presente se desliza sin premura, mientras mis hermanos pequeños sueñan envueltos en quien sabe que fantasía y mi madre a su lado duerme para huir de su obsesiva frustración, lo que para ella es su eterna pobreza, la que nombra de continuo, la que reprocha a los que la rodean  a pesar de las muchas changas de papá.

Me libero de ese pasado tan próximo y noto que mis párpados pesan en demasía.
Giro y giro en el azul inconmensurable, siento que mi cuerpo abandona la tierra y mis manos la arena.Esa felicidad que insinuaba fugazmente se intensifica y voy deteniendo mi mente por temor a que desaparezca. 


Es un ser indescriptible, indefinido, posa su mano en la mía y en su silencio me indica que no tema, porque en el descenso será mi guía.

-¿El descenso?- me pregunto.- ¿Acaso estoy en lo alto?
-Lo digo para ubicarte-, percibo.- Solo vagamos en la existencia…
-¡Ya no giramos! Ya solo somos…
-¡Ese es tu país! –Vuelvo a percibir en un eco melodioso y descubro al punto su inmenso contorno.


Su color argentino matizado de chispas de diamantes, fulgurando en una millonésima de instante, ciega mi razón…
Se desvanece la sensación dando paso al color ambarino que emana de la provincia de Buenos Aires y allí en medio de un cuadro que se va dilatando como una colorida pantalla se encuentra nuestra casita, toda ella de madera y turrón.
A través de una transparencia inusual, veo a mi madre y a mis hermanitos acunados en posición fetal… La certeza de que todavía duermen, me tranquiliza.
Mi guía sonríe, y nos introducimos más en el cuadro.
Una presencia de tonalidades amarronadas, por momentos más oscura, se desplaza alrededor de mi madre.
La sorpresa detiene mi mundo y vuelve a cegarme, todo gira esta vez en mi entorno y le pregunto con delirio…


-¿Qué es esa cosa?


Las manos de fantasía me suspenden, serenándome…


-Es la pobreza.- Escucho, la respuesta me envuelve.
-¿Qué hace ella ahí?
-¡No temas! Solo la acompaña.


Mi deseo de proteger a mi madre es tan intenso que se parece al dolor. El esfuerzo en mi mente impide que mis gritos quieran ser.


-¡Debemos sacarla de al lado de mi madre! Debemos liberar a mi madre… ¡Ayudame!
Vibra la respuesta sin sonido, en mi mente.
-La pobreza está, solo está. Porque tu madre la invoca constantemente, en todo caso es tu madre la que no la libera.
-¿Y esa sombra mohosa, casi negra, que se diluye entre los muebles?
-Son solo nubes de odio y resentimiento que se quieren manifestar.
Ahora todo se torna color gris, color desaliento. Nos envuelve en un juego de extrañas ventiscas, que me impulsan hacia nuevos interrogantes.
-¿Y mis hermanos?


Una niña de cinco años, inteligente (dice a menudo mi madre), un varoncito de siete y otro de diez… A la hora de la siesta, suelen estar por ahí.
Es peligroso hacer enojar a mama, no sea que despierten los más chiquitos…
Me deslumbra la blancura de la iglesia cercana y la cruz de su cúpula pende del cielo como una aparición… Sonrío, cuando mis ojos se acostumbran percibo hilillos de sangre seca, algunos semi húmedos, se vislumbran sobre las paredes de la iglesia, también en los árboles que la rodean.


-¡Parece sangre!
-¡Es sangre! La de infinidad de pájaros… la mayoría palomas. 


Sangre de otras épocas, sangre reciente, sangre de siempre…
Un corazoncito caído al suelo parece latir todavía en una letanía interminable.
De pronto supe que la presencia, negra, negrísima, que se deslizaba por dondequiera, era la representación de la muerte y la destrucción. Parecida a la sombra de pobreza que mi madre atrae hacia sí…
-¡Es así!- recalca mi guía.- El sentimiento de poder e impunidad se desarrolla día a día, año tras año, de vida en vida ¡Es tan natural! Se hizo costumbre, y solo la rotura de un vidrio puede provocar que se alce la voz de algún vecino.


Poco a poco, el pasar por sobre el derecho de otro ser se traduce en diversión… La dureza de una piedra que pasa atravesándonos, desdibuja un panorama, enfrentándonos a otro de características dolorosas.
Allí permanecen varios grupos de niños. En el más nítido, el actual, descubro a mis hermanos con la honda en acecho.
Más que turbada intento huir, negar, desenfocando la vista, y me detengo en grupos de niños, que lo fueron en otro tiempo…

-¿Qué es de ellos?- Pienso, con mirada interrogante.
Están los henchidos de orgullo por la costumbre tan arraigada de sentirse impunes, que enfrentándose a cualquier desafío, sin distinción, les sirve para demostrar que pueden más.
Por el Conurbano cerca de quintas, zonas de arboleda, se encuentran pájaros caídos, sapos reventados, animalitos maltratados, sin un porqué.
Desde la niñez se acostumbra a matar, a destruir, a arrancarle las alas a una mariposa ¡Los adultos imperturbables, sostienen que son chicos!
La niñez comienza y afianza su sensación de  poder ante cualquier derecho básico.


Mientras las respuestas me invaden,seguimos existiendo sobre los confines del cuadro y viendo nuestros pensamientos, viendo lo que no se ve.
“Lo que no se ve” me trae recuerdos, que nos llevan automáticamente a la casa de la Señora Cristina; la casa de los ricos, como la llama mi madre, es una casa tipo, como muchas de material que nos rodean.
A través de una transparencia la veo a la señora Cristina con sus dos hijos, el de ocho años y el de tres. Sonrío complacida, y el gris del desaliento se atenúa dando paso a la luz…



En una oportunidad mi madre me envió a la casa de la señora a pedirle un poco de harina, y ella me la dio. Al poco tiempo volvió a enviarme y volví con arroz, volvió a enviarme y la señora después de atender a mi pedido me retuvo mientras me decía:


 –Qué dulce que sos! Me gustaría que vinieras a jugar con mi hijo el más pequeño, mientras ayudo al mayor con su tarea. Si te parece bien, pedile permiso a tu mamá y después me contestas.


En cuanto mamá lo supo, en un periquete estuvo en la casa de la señora y yo detrás.

Me fui acercando a los niños con la intención de conocerlos,a la vez un poco cohibida. El más pequeño me tomó la mano y el mayor comenzó a hablarme, como si nos conociéramos desde siempre. Me enseñó como jugaban y con qué jugaban, entre todo eso unos cuantos libros de cuentos que él ya había leído.

Eso no me impidió escuchar a mamá cuando le decía a la señora que yo disponía de tiempo, porque ya casi no me enviaba a la escuela. La maestra le había dicho que a mi me costaba mucho aprender, que generalmente estaba distraída, que necesitaba apoyo escolar.
Pero eramos pobres, no podíamos acceder a ello.
Me tenía que llamar la atención más de una vez, porque yo vivía siempre en la luna…
No llegué a saber más, pero la transacción debió haber sido buena, porque mamá se veía feliz.
Así fue como dos días a la semana mi panorama se ampliaba.
Cuidar de mis hermanitos pequeños fue desde siempre lo más natural, al menos para todos fue lo más natural. Según mi madre era lo único que hacía bien. Me fue fácil adaptarme al chiquitín que me confiaron.


Al principio me desconcertaba un poco, el amor que emanaba de él, que emanaba de todos ellos…
Yo soy de pocas palabras, me acostumbré a recibir ese amor en silencio y a retribuirlo con gestos y miradas inflamadas de cariño. Mi silencio casi permanente me permitió percibir que el amor existía, la dedicación también, no eran solo palabras.


En la habitación de los niños había cartelitos  graciosamente adornados por doquier, con frases que invitaban a pensar.
La más reciente, la había rescatado la señora Cristina del cuento “EL principito” y ocupaba el lugar más visible “Lo esencial es invisible a los ojos”. Ante mi asombro, mi nuevo amigo me explicó que ese libro era como muchos otros, prestado por la Biblioteca de la escuela, que lo volverían a leer en voz alta para mí.
Sobre la lona de un camión se leía “primero el otro después el otro y siempre el otro”. Decorando una taza de leche: “Proteger al más débil, crea una mente sana”.

En el espejo del cuarto de baño “La limpieza comienza por la mente”.
En la cocina enmarcado en un cuadrito, “el dañar al otro, es perjudicial para la salud mental”.

Lo que no había eran hondas o palabras que pudieran herir los sentimientos de otro ser. Algunos movían a risa, y mi curiosidad impulsaba mi deseo de aprender por fin a leer.


Admirada.


Admirada por la fluidez de pensamientos emergí de los recuerdos y volví a dejarme llevar por mi guía, en medio de un extraño regocijo.


-¿Qué es todo esto?
-Educación.- Responde.- la de los primeros años…


Está sola y abandonada, muy pocos la tienen en cuenta. Son palabras que se repiten sin conciencia, como amor, respeto y muchas otras. Son las que no se ven, las que se pronuncian mecánicamente como Buen Día o Buenas Tardes.
Algunas se consideran risibles y otras parecen avergonzar…


- ¿A dónde vamos?- Pregunto.
- A tu hogar…
- ¿Te volveré a ver?
- Quizá…
- ¿Dónde vivís?


Tras un momento de silencio mi guía responde:


- Pertenezco a tu interior, soy uno de tus deseos. 


El tiempo se acortaba y yo quería saber más.

- ¿Y la educación? ¿la voy a encontrar?
- La tendrás y ella te hará libre, solo tenés que pedirla.
En ese momento la voz estentórea de mi madre me despertó.
- ¿En dónde estás?- (¡Anda a cuidar a tus hermanos!)


Los chiquilines ya salen como pollos de la habitación, y mi madre comienza de nuevo a limpiar, presa de otra de sus costumbres. Se lo habían inculcado desde niña, escuché más de una vez.
Me pregunto, ¿y su mente? ¿Sin educación?¿Se habrán acordado de ella alguna vez?
 Aún estoy confundida, yo tenía que hacer algo con la educación. Y de repente una idea me asalta, pedirle a la señora Cristina que me ayude a escribir una carta a Papá Noel y a los Reyes Magos, como es algo que no se ve no van a necesitar tener dinero para traérmela…
Se acerca mi madre:
-¿Otra vez perdida?- (¡te dije que fueras a cuidar a tus hermanos!)


¡Gracias por Leer!